sábado, 19 de junio de 2010

¿Protege a las ballenas regular su caza?

Jun 19, 2010 | El país

¿Protege a las ballenas regular su caza?

El lenguaje es lo más importante en diplomacia. Así lo deja claro la lectura de la propuesta del presidente de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), el chileno Christian Maqueira, sobre el futuro de la caza de ballenas y con la que pretende avanzar después de 25 años de parálisis. En el primer punto explica que "la moratoria se mantiene". Pero inmediatamente crea cuotas comerciales para Japón, un país que actualmente caza ballenas, supuestamente, con fines científicos. Así que la CBI debate a partir del lunes en Agadir (Marruecos) algo aparentemente imposible: mantener la moratoria para cazar ballenas y a la vez incluir nueva caza comercial pero con muchos más controles.Los ecologistas ven la botella medio vacía, pero hay científicos y diplomáticos que la ven medio llena. "Estábamos preparados para una dura contienda. Pero lo hacemos por el bien de la conservación", afirmó en un comunicado Anthony Liverpool, el vicepresidente de la comisión, que tiene 88 países miembros.La presidencia, tras consultar con un grupo de 13 países representativos, y cansada de reunirse año tras año sin dar un paso, presentó en abril lo que define como una decisión de consenso para mejorar la convención. El plan da la puntilla a la caza científica, que Japón realiza sin apenas controles internacionales; impide que nuevos países se sumen a la práctica (nadie más allá de Islandia, Noruega, Dinamarca y Japón); pone bajo control de la CBI la caza de todas las ballenas (actualmente solo controla la llamada caza aborigen), y fija cuotas para todos los países (que en la actualidad establece cada uno).
Además, los barcos deberían tener observadores internacionales, los mercados controles genéticos, se prohíbe la exportación de carne de ballena y se establece el uso de métodos de muerte lo menos dañinos posibles. Finalmente, el acuerdo crearía un santuario antártico, una zona clave para la reproducción y la alimentación de las principales especies balleneras.
La moratoria ha sido, junto con el Protocolo de Montreal contra el agujero de ozono, el mayor tratado internacional a favor del medio ambiente. La población de ballenas, a punto del desastre en los ochenta, se recupera, aunque sigue lejos de los niveles de siglos pasados.
Pero las lagunas del veto han sido evidentes. Islandia y Noruega no se sintieron vinculadas y siguieron cazándolas. Japón, que en principio sí firmó, viendo su ejemplo optó por llevar a cabo un programa científico en el que anualmente captura unos 850 ejemplares de rorcual aliblanco (alega que la población supera los 700.000 ejemplares), y otros 100 de otras dos especies, entre ellas el rorcual común, una de las mayores que existen. Muchas de ellas las caza lejos de sus aguas, cerca de la Antártida. Lo de los fines científicos es mucho decir. Aunque el Ejecutivo japonés insiste en que sin matar ballenas no se puede, por ejemplo, conocer la edad de un cetáceo, la realidad es que buena parte de ellas acaban en el plato o en cosméticos.
Con el plan de la CBI, Japón pasaría a pescar 400 rorcuales aliblancos, la mitad de lo que caza actualmente. La propuesta evitaría la muerte de 14.000 ballenas en 10 años "si se mantuvieran las cuotas de captura del año 2009", según sus impulsores, o 3.200 con la media anual de capturas entre 2005 y 2009. La diferencia radica en que la caza científica no ha hecho más que crecer.
Japón llega a la CBI dispuesta a negociar para romper el statu quo. "Negociaremos tranquilamente con otros Estados miembros para alcanzar un acuerdo aceptable basado en la propuesta del presidente", declaró a Reuters Takashi Mori, un responsable de la agencia pesquera japonesa. Pero a la vez, Tokio ha anunciado que si nada cambia podría dejar la comisión. Es algo con lo que ha amenazado muchas veces pero que, de consumarse, sería un golpe muy duro para el organismo, ya que dejaría de tener bajo su control -por pequeño que sea- a la flota japonesa.
Australia y Nueva Zelanda, mientras, se oponen radicalmente a cualquier caza y mantienen un largo contencioso con Japón. El ministro de Medio Ambiente australiano, Peter Garrett, afirmó ayer que Agadir puede acabar en un "resultado terrible, terrible para las ballenas". Garrett asistirá al tramo decisivo de la cumbre que arranca el lunes. Como en toda negociación internacional, hasta el último momento muchas partes mantienen posturas ambiguas. La UE tuvo ayer una reunión para definir su postura.

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